domingo, 3 de junio de 2012



Octubre


En aquella oscura confusión de octubre, apareciste
tan sensiblemente inocente para mí... hasta atormentarme!
yo no puedo con el resto;
yo no puedo ni siquiera con eso,
no debiste florecer agradable, no debiste.

En aquella enigmática penumbra gemiste al conocerme
inescrutable y opresor, doliente y abatido.
yo no puedo con el resto;
yo no puedo ni siquiera con eso,
yo no entiendo por qué anduve abatido... tan dolorido...!

Sólo en esa sombra de octubre blando,
guardé a tus ojos  de mujer, toda
la dimensión del Creador... y te fui dulce!

Fue además en  una tarde de octubre
cuando dispersé en tus fuegos, a partir de un coche,
los charcos de esta oscuridad de diciembre.




                                                     Por Cesar Vallejo
                                                     Edgardo Ramos

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